Desarrollarse en temas de personas en las organizaciones

 La propuesta de vincular el ajuste de los salarios a la productividad,  plantea un importante cambio de modelo dentro de las empresas de aquí, más allá de los debates puramente económicos o de negociación colectiva. Este cambio de modelo implica una transformación estratégica que lleve a las organizaciones a un nuevo sistema de relaciones, diseñado y pensado para mejorar el rendimiento.
A pesar de que España es el país europeo donde se trabaja más horas (cada profesional se empleó de media 1.775 horas en 2011, frente a las 1.413 horas de los Países Bajos, las 1.432 de Alemania o las 1.607 en Reino Unido), entre 2001 y 2011 el crecimiento medio de la aportación al PIB por hora trabajada en España fue del 0,6%, según datos de la OCDE (mientras en Reino Unido o Suecia se alcanzaban tasas del 2,6% y el 2,1%, respectivamente). Si bien es cierto que este lastre en la productividad está vinculado en gran medida a un modelo productivo español de hoy día, no es menos cierto también que la productividad tiene mucho que ver con las personas. ¿Qué hace que una persona sea productiva?
Un estudio de Gallup revela que los empleados altamente desmotivados “erosionan” los cimientos de una organización, afectando el “espíritu” de sus colegas en el proceso. Se estima que dentro de la fuerza laboral de Estados Unidos, ese costo asciende a más de US$300 billones únicamente en productividad. Por su parte, en España, un estudio realizado por el Centro de Estudios Financieros (CEF) revela que la mala comunicación interna (62%) y la desmotivación de los empleados (51%) son las principales causas que explican la baja productividad. Otros estudios señalan que solo entre el 17% y el 29% de los empleados están activa y plenamente comprometidos con su trabajo. ¿Se imaginan un equipo de fútbol dónde solo 2 o 3 jugadores estuvieran comprometidos con el éxito del equipo?
¿Qué hace que una persona sea más productiva? ¿Qué marca la diferencia en las personas que constituyen la empresas  que se sobreentiende tiene los conocimientos técnicos y las capacidades de gestión necesarias para desempeñar su trabajo y responder de forma efectiva a las expectativas y responsabilidades de su puesto? Definitivamente, el factor emocional. En el deporte encontramos diferentes deportistas que son claros ejemplos Rafael Nadal , Fernando Alonso , Pep Guardiola.
La inteligencia emocional es útil en los tiempos de bonanza, e imprescindible en los tiempos de crisis. Cuando hablamos de inteligencia emocional nos referimos a la correcta gestión de uno mismo (la capacidad de reconocer, canalizar y manejar nuestros propios sentimientos y emociones) y de las relaciones (la capacidad de manejar adecuadamente los sentimientos y emociones que aparecen en relación a los demás).
Hay distintas variables individuales que favorecen la conexión emocional con el proyecto deportivo o empresarial: sentirse útil, el orgullo de pertenencia, el reconocimiento, sentirse parte de un propósito mayor y el dominio de la tarea. Aquí entran en juego habilidades como la autoconciencia, la autoregulación y la automotivación. Motivarse a uno mismo implica una actitud que evita caer en la apatía, la desesperanza o la depresión, ante situaciones adversas. También nos ayuda a estar mejor, cuando estamos bien. El optimismo precede al éxito. Personas motivadas son más productivas.
Pero la responsabilidad de la productividad en las organizaciones no está solo a la espalda de cada profesional, que se compromete de forma consciente, voluntaria e individual. Las organizaciones deben favorecer un entorno propicio para la productividad colectiva. La miopía en la productividad individual puede torpedear la productividad del conjunto. La productividad tiene que ser entendida y compartida como un concepto colectivo y no de áreas o departamentos. Volvamos al ejemplo del fútbol: un delantero no entiende la productividad de la misma forma que lo hace un defensa. Para un delantero, su productividad está relacionada con marcar goles; por el contrario, para un defensa ser productivo significa que su portería quede en blanco. En este contexto, lo que debe prevalecer es la importancia de la productividad del equipo y no de los jugadores.
Por eso, cuando analizamos las variables colectivas, la productividad está vinculada al sistema de juego, al liderazgo, la colaboración y  la comunicación..
En este contexto, las organizaciones deben plantearse cómo favorecer el bienestar de sus profesionales, no solo por razones de responsabilidad social interna, sino porque su contribución a la productividad es determinante. Invertir en desarrollar a nuestro personal, a nosotros o a nuestra propia empresa en estos temas de recursos humanos: sistemas de juego ( diferentes políticas de recursos humanos), liderazgo ,   colaboración, y comunicación  puede ayudar a iniciar esta transformación, porque son los individuos, quienes son los protagonistas principales y quienes deben aceptar el concepto de productividad con el corazón y la mente, porque son ellos quienes ejecutarán y tomarán día a día las decisiones que en última instancia determinan el éxito o el fracaso del cambio.
Al final de todo, las personas lo que buscamos  ser felices y las organizaciones deben proveer el entorno propicio para ello, hoy en día es todavía aun más necesario trabajar en todos los elementos que hacen que sea posible ser más felices (y, por ende, más productivas): Compartir un proyecto,  emociones positivas, la sintonía con el entorno, la pertenencia a un grupo y los logros o metas, tanto individuales como del equipo.   Esto se reflejará, sin lugar a dudas, en la cuenta de resultados de nuestras organizaciones de nuestras empresas. 
Sin duda el congreso de AEDIPE en Donosti el día 31 de mayo y 1 de junio nos permitirá seguirnos desarrollando en estos temas.