Lo elástico versus lo rigido , la flexibilidad

Con seguridad todos nosotros en algún momento hemos lidiado con individuos cerrados en su actuar, tercos en su proceder y obstinados en sus puntos de vista, que incluso ante la evidencia de lo incorrecto de su posición se siguen aferrando a la misma. Sin duda, todos nos hemos enfrentado a las consecuencias de posturas que revelan escasa flexibilidad; si no de otros, de nosotros mismos.
Al respecto, no son muchos los que consideran con detenimiento los beneficios de cultivar esta habilidad, sobre todo teniendo en cuenta que la flexibilidad es característica de la capacidad general de adaptación. Es considerada un componente esencial dentro de los variados modelos de inteligencia emocional existentes. Es una habilidad que forma parte de las llamadas competencias personales, las cuales son indicadoras del potencial interno de acción del individuo.
¿Y qué entendemos por flexibilidad? Una forma de definirla es decir que se trata de la capacidad de “ajustar las propias emociones, pensamientos y comportamientos a las situaciones y condiciones cambiantes”, lo cual se refiere a la habilidad para adaptarse a lo desconocido, lo impredecible y a las circunstancias dinámicamente cambiantes. Interesante ¿verdad? Pasemos entonces a analizarla en mayor detalle.
Una forma práctica de deducir los beneficios o inconvenientes de ostentar niveles altos o bajos, respectivamente, de flexibilidad es caracterizando a las personas que representan los extremos del tener o adolecer de esta habilidad. Echémosles pues, un vistazo.
Las personas con una flexibilidad alta se caracterizan por ser realistas y efectivas para comprender los problemas. No se apegan ciegamente a un solo proceder. Son ágiles, capaces de reaccionar al cambio sin rigidez, no se quedan atrapados en sus propios esquemas. Tienen una gran habilidad para ajustar sus emociones, pensamientos y comportamientos frente al cambio, pueden ajustarse “al paso” y no les es difícil embarcarse en nuevos proyectos, pues no les molesta tener que tomar riesgos ya que son capaces de superar su miedo a lo desconocido.
Estos individuos si bien pueden sostener con vehemencia sus propios puntos de vista, son flexibles en sus opiniones, pues son lo suficientemente honestos para admitir cuando están equivocados. Demuestran gran habilidad para resolver problemas de índole diversa y son buenos manejando el estrés, pues su elasticidad les facilita encontrar variados cursos de acción, lo cual los alivia de mayores presiones.
Por otro lado, quienes tienen problemas en cuanto a flexibilidad, pueden verse como sujetos rígidos, encerrados en lo suyo, faltos de apertura, que rehuyen a la idea de cambio. Tienen grandes dificultades en introducir cambios en su vida cotidiana y en modificar antiguos hábitos, incluso a pesar de que éstos se evidencien como ineficaces. Les agrada lo rutinario y su extrema necesidad de seguridad los lleva a evitar los riesgos asociados a lo no familiar, perjudicando sus esfuerzos por cambiar. Mantienen una gran resistencia frente a ideas nuevas y se pueden mostrar intolerantes a opiniones y prácticas distintas a las suyas. Para ellos es poco lo se puede aprender de otros puntos de vista y aun al darse cuenta de un necesario cambio en sus posiciones, no lo admiten pues muchas veces prefieren escudarse en un falso y engañoso orgullo.
En suma, las personas flexibles, a diferencia de quienes no lo son, son capaces de incorporar con facilidad nueva información y aprender de otros. Pueden ser abiertos e intelectualmente honestos, pues saben que no lo saben todo, y son capaces de ajustarse a las condiciones cambiantes porque ven los cosas como son, no como quisieran que sean. Ven al cambio como un reto, no como una amenaza. Estas personas nunca dan por sentada “su” estabilidad, pues saben que todo es proclive al cambio. Siempre están dispuestas a romper esquemas y a abrir los “candados mentales” que los cierran a lo nuevo.
Ser flexible en las propias posiciones no es en absoluto ser inconsistente. Todo lo contrario, reafirma integridad y fomenta la innovación al dar paso a la creatividad.
Lo que sucede es que muchos prefieren quedarse en su “zona de seguridad” y no se atreven a entrar a determinadas “zonas de riesgo” por temor al fracaso. Pero al respecto, es importante considerar lo que sostuvo Richard Exley, autor de interesantes libros: “Fallar no te convierte en fracasado. Rendirte, aceptar el fracaso y no querer volver a intentar, sí lo hace”.
Los beneficios de la habilidad de ser flexibles en la vida personal, académica y laboral son significativos. Por ejemplo, es una habilidad esencial en el liderazgo, así como en la administración, en la negociación, resolución de conflictos, entre otros, permitiendo a las personas alternar prioridades y cambiar con rapidez a tono con las circunstancias (lo cual no tiene porque ser confundido con oportunismo). Facilita la migración de un equipo de trabajo a otro, de un proyecto a otro, permitiendo la elevación de la productividad.
Por ello es condición indispensable respetar las diferente personalidades y comprenderlas.
Comprender las diferencias de estilo es interpretar el sentir del otro.
Los hábitos, rasgos característicos, gustos personales y opiniones en general, no son mejores que los de otra persona, ni tampoco peores, simplemente son diferentes.
Las preferencias individuales son privativas de cada uno y no correctas o incorrectas.
En definitiva, el diálogo, apuntando a las cualidades emocionales de nuestros interlocutores, permite un desarrollo y cambio constante.

Si te preguntas : ¿ Cómo llegaré a lograrlo?.
La respuesta es simple mas no simplista: practicar, practicar y practicar, poniendo en juego las experiencias constantes que surgen en la vida cotidiana, en la empresa, en la profesión, en la familia…, será cuando descubras que dejando de lado las posiciones y supuestos individuales te enriqueces mucho más y tu tensión baja dándote una visión más amplia y que te origina mayores éxitos.