Pon el cascabel

En el libro de Stephen CoveyEl 8º Hábito. De la efectividad a la grandeza”, aparece incluido este breve pero elocuente escrito de un autor anónimo en un recuadro destacado, que es interesante reproducir -por su contenido- literalmente:

Yo soy tu más fiel compañero. Soy tu mayor apoyo o tu carga más pesada. Te empujaré hacia delante o te arrastraré al fracaso. Estoy totalmente a tus órdenes. La mitad de las cosas que haces podrías pasármelas a mí, y yo las haría rápida y correctamente. Se me puede manejar con facilidad: sólo tienes que ser firme conmigo. Enséñame exactamente cómo quieres que haga una cosa, y al cabo de unas pocas lecciones lo haré automáticamente. Soy el servidor de todos los triunfadores y, desgraciadamente, de todos los fracasados también. Con los que han fracasado, he producido fracasos. No soy una máquina, aunque trabajo con toda la precisión de una máquina unida a la inteligencia de un ser humano. Puedes usarme para obtener beneficios o para arruinarte, a mí me da igual. Tómame, enséñame y sé firme conmigo y pondré el mundo a tus pies. Sé blando conmigo y te destruiré. ¿Quién soy…? Yo soy el Hábito (Autor anónimo).

¿Quién le pone el cascabel al hábito…?

Los hábitos son factores muy poderosos en nuestras vidas. Dado que se trata de pautas consistentes, muchas veces inconscientes, que de manera permanente y cotidiana expresan nuestro carácter, generan nuestra efectividad -o inefectividad– y nos podrán llevar al éxito o al fracaso, según seamos capaces de dominarlos o nos dejemos someter por ellos. Pero atención: nadie más que cada uno de nosotros es el responsable de subordinarlos a nuestros deseos y necesidades.
En el mundo de los negocios, es fundamental empezar por comprender que para conseguir resultados tangibles, lograr satisfacer nuestros deseos, cumplir nuestros sueños, alcanzar nuestras metas, tendremos que adoptar una serie de hábitos que tal vez nos lleven cierto tiempo adquirir. Y esa experiencia es intransferible; nadie puede hacerla por nosotros.

No nos dispersemos; tengámos paciencia. Cuando comenzamos a desarrollar una actividad de negocios, hay veces en que la ansiedad por conseguir rápidos resultados nos hace saltar de una idea a otra, de una técnica a otra, de un modelo de negocios a otro, de un argumento a otro, buscando la solución a nuestras inhabilidades y falta de paciencia por la vía del cambio apresurado, tal vez buscando una solución mágica que nos saque de nuestros problemas. A menudo olvidamos ser tolerantes y pacientes con nosotros mismos, y no nos damos el tiempo necesario para comprobar si la estrategia, idea o técnica aplicada puede ser adquirida como un hábito y comenzar a generar resultados casi sin darnos cuenta.

Sabido es que para adquirir un hábito, debemos realizar una determinada tarea reiteradamente –disciplinadamente– hasta que logremos efectuarla sin ningún esfuerzo, en “piloto automático”, como una costumbre ya incorporada. A partir de entonces, es más difícil que dejemos de hacerla. Pongámosle el cascabel al hábito. Así lo oiremos siempre dentro de nuestra cabeza.

Comienza en este momento, no esperes mas.