Delegación y confianza

La delegación es una de las mejores vías para formar y desarrollar al personal.

¿Podría alguien imaginar un capitán de barco encargándose personalmente de las velas, la cocina, los camarotes, las bodegas, la pesca, las calderas…?

Entonces, ¿por qué solemos pensar que un jefe lo puede hacer todo personalmente y conseguir los resultados esperados? Al igual que el capitán, un buen jefe debe saber bien a dónde va, pero para llegar, tiene que emplear a su gente, sin soltar nunca el timón ni la vista del horizonte.

La delegación es una de las tareas más difíciles de un jefe, pero también una de las más importantes y al igual que el capitán no se para a pensar si se puede permitir o no prescindir de su tripulación, la delegación tampoco es opcional para un jefe.

¿Qué se consigue con la delegación?

– Ayuda a conseguir mejores resultados para la organización.
– Ahorra tiempo al jefe y le deja centrarse en lo verdaderamente importante de su puesto de trabajo.
– Motiva y desarrolla al personal.Por un lado, les permite asimilar nueva información y adquirir habilidades y por otro, está comprobado que los colaboradores que tienen jefes que delegan eficazmente, se sienten más valorados y respetados, ven sus puestos enriquecidos y esto les motiva para tener más iniciativa

Pero entonces, si la delegación parece una herramienta tan eficaz, ¿por qué no se emplea más a menudo en las organizaciones? Existen muchas causas, aunque la mayoría de ellas son desventajas percibidas por parte de los jefes. Desventajas que casi siempre son más imaginadas que reales.

En el fondo de todas estas causas, encontramos una vez más el miedo y la falta de confianza.