El ejemplo de los directivos

Gonzalo Serrats , socio consultor de OPE consultores, remitió este estupendo artículo al Blog de Euskalit, asociación de la que formo parte. Conozco desde hace mucho tiempo a Gonzalo y a su familia , se que lo que ha escrito, es pura realidad.
Gracias Gonzalo por compartir.

“En esta apabullante tarea que es la de educar a nuestros hijos estoy embarcado desde que, hace 9 años, tuve la suerte de ver nacer al primero de mis hijos, Lucía, un auténtico regalo de la naturaleza, de Dios diría Yo… En la tarea de hacer de nuestros hijos “buena gente” estamos muchos, luego, cada uno le pone su significado y lucha como puede para conseguir su propósito con mejores o peores resultados.

En esas estoy desde hace años… los juegos son parte esencial de mi interacción con mis hijos y, una oportunidad más para educar, claro está.

Llevaba tiempo viendo a Pablito hacer un gesto con la lengua que me resultaba peligroso: cuando se encontraba en un momento de fuerza, de lucha… sacaba la lengua y la mordía, con fuerza, poniendo en tensión su cara y, desde mi punto de vista, poniendo en peligro su deshuesado miembro. Un golpe fuerte en la mandíbula y su lengua acabaría cortada por sus pequeños dientes…

Prácticamente todos los días, le tenía que decir: “¡No saques la lengua!” Poco a poco mi obsesión iba en aumento, mis órdenes casi permanentes, mi “aburridora” frase de padre en el momento de hacer de niño… Me planteaba tomar medidas más drásticas y llegué a tomar alguna tan sencilla como parar el juego en el momento más divertido, “por no hacer caso de lo que te digo”. La cuestión era que el gesto seguía estando ahí, siempre presente.

Al cabo de unos días mientras los dos charlábamos con calma en el único sitio en el que mi hijo está verdaderamente quieto (¿cuál?), mirándonos, hablábamos de no sé qué… Al poco tiempo noto que Pablo empieza a parpadear con fuerza con los dos ojos al mismo tiempo y…. reconozco en ese gesto…. ¡un tic propio! Así es, desde hace años, cuando el cansancio se apodera de mí, caigo en un parpadeo fuerte y repetitivo… ¡PABLO ME ESTÁ IMITANDO!

Acabado el pasaje del cuarto de baño, nos ponemos de nuevo a jugar y me miro y me descubro sacando la lengua apretándola entre los dientes… ¡SOY YO! Me descubro haciendo un gesto que, en la niñez, hacía mi amigo Juan antes de darle a la pelota en el frontón del colegio.

Soy Yo… él me imita… a partir de ese día mis esfuerzos no se centraron en decirle nada, sino en cambiar un gesto propio, hasta ese día desconocido, en mi comportamiento.
¡Qué duro fue cambiar ese hábito! Nunca más mis esfuerzos se centraron en él, sino en mí.

Pasaron los días y, asombrosamente, vi como Pablo cambiaba su forma de encarar los momentos de tensión, mordiendo con fuerza su boca y ocultando su lengua tras la hilera de sus pequeños dientes. Tal y como Yo, llevaba haciendo un tiempo. ¡Era Yo!

Y esta historia me recuerda algo que como consultor de empresas veo con mucha asiduidad: Un directivo se queja de algo, un comportamiento, una falta de… del que él mismo es el principal adalid. Estoy seguro que, el ejemplo de los directivos, es la principal herramienta de transmisión de formas de actuar, de valores… en una organización. Estas, por ósmosis, se expanden por la organización sin necesidad de ser explicadas. “

Que verdad tienes Gonzalo! Gracias otra vez.